La amarga disputa entre Elon Musk y el director de OpenAI, Sam Altman, lleva años desatada, aunque hasta ahora se ha desarrollado mayormente en el ámbito digital sobre la base de acusaciones mútuas y ataques personales.
El lunes, Musk volvió a la carga al referirse a Altman como "Scam Altman" (Altman, el Estafador) en una publicación en X.
Sin embargo, el enfrentamiento entre los multimillonarios de la tecnología se traslada a un escenario de mayor repercusión a partir de este martes: un tribunal federal en California, donde su contienda acapara toda la atención en un juicio que se prolongará durante mes y que según la agencia AP, contiene una mezcla de supuesta "traición, engaño y ambición desenfrenada".
El tribunal examinará la demanda de Musk, quien sostiene que Altman —con quien cofundó OpenAI— le estafó millones de dólares y traicionó la misión original sin fines de lucro de la empresa creadora de ChatGPT.
Musk y Altman prestarán declaración en un caso en el que podría estar en juego el futuro de la inteligencia artificial. Si bien es de suponer que uno de los dos saldrá victorioso, resulta plausible que ninguno de los dos salga indemne de este choque.
La batalla ha sido comparada con la imagen de dos boxeadores de peso pesado subiendo al cuadrilátero. Un observador, de hecho, la compara con un combate entre King Kong y Godzilla.
"Musk y Altman son figuras de tal magnitud, tan colosales y tan ajenas a la realidad cotidiana", señala Sarah Federman, profesora de la Universidad de San Diego especializada en resolución de conflictos.
"Y es precisamente eso lo que hace tan fascinante observar su choque".
Un jurado compuesto por nueve personas, que prestaron juramento el lunes, ayudará a determinar el desenlace bajo la supervisión de la jueza Yvonne Gonzalez Rogers, una magistrada que prometió que la inmensa riqueza, el poder y la fama que Musk y Altman traen consigo al tribunal federal de Oakland no les otorgarán "ningún trato especial".
Musk también demandó a OpenAI y a su cofundador y presidente, Greg Brockman, así como a Microsoft, a la que acusa de haber colaborado en el plan para monetizar la empresa.
Sin embargo, Microsoft niega estos alegatos.
Musk reclama miles de millones de dólares en lo que sus abogados denominan "beneficios ilícitos", fondos que él desea que se destinen a financiar el brazo sin fines de lucro de OpenAI.
También exige una reestructuración en la compañía que incluya la destitución de Altman.
OpenAI sostiene que las motivaciones de Musk radican en la envidia y en el arrepentimiento por haberse desvinculado de la empresa.
Mientras la carrera hacia la inteligencia artificial general (AGI) avanza a toda máquina, OpenAI acusa a Musk de intentar sabotear a uno de sus principales rivales.
Musk y Altman cofundaron OpenAI en 2015 como una organización sin fines de lucro, con la misión de garantizar que la AGI beneficiara a toda la humanidad.
La AGI se define, en términos generales, como una inteligencia artificial que supera a la inteligencia humana.
En el momento de la fundación de OpenAI, Musk brillaba ya como una estrella con todo su esplendor.
Era ampliamente considerado un tecnólogo incansable que, al frente de Tesla, logró llevar los vehículos eléctricos al gran público, al tiempo que desarrollaba una revolucionaria tecnología de cohetes reutilizables en SpaceX.
Altman, por su parte, era una figura muy conocida dentro de Silicon Valley, aunque no fuera de sus fronteras.
Desde su posición al frente de la influyente incubadora tecnológica Y Combinator, sus declaraciones —publicadas en Twitter con un tono casi oracular— eran devoradas con avidez por los fundadores de emprendimientos emergentes.
Musk y Altman fueron presentados por un inversor de Silicon Valley en 2012. Altman, que aún rondaba la veintena, era 14 años más joven que Musk y acabaría presentándole la idea de OpenAI al jefe de Tesla y SpaceX.
Desarrollar la IA de manera responsable constituía una parte fundamental de esa propuesta.
En el marco de OpenAI, ambos fueron colaboradores cordiales, unidos por la creencia compartida en el potencial de esta tecnología.
Durante una aparición conjunta en una conferencia en 2015, Musk afirmó que la IA era la tecnología que "más podría cambiar a la humanidad", aunque añadió que resultaba "realmente turbia" y estaba "plagada de dificultades".
Sin embargo, lo que comenzó como una organización sin fines de lucro se transformó en una entidad rentable y, según Musk, de manera ilegal.
OpenAI sostiene que en 2017 los demandados y Musk acordaron que una entidad con fines de lucro constituía el siguiente paso lógico "para impulsar la misión", pero que rechazaron la pretensión de Musk de asumir el cargo de director ejecutivo con "control absoluto".
En 2018, Musk abandonó OpenAI tras una supuesta pugna por el poder con Altman.
"Chicos, ya he tenido suficiente", escribió Musk en un correo electrónico unos meses antes de su partida.
"O se marchan a hacer algo por su cuenta, o continúan con OpenAI como una organización sin fines de lucro", dijo.
"Ya no financiaré a OpenAI hasta que asuman un compromiso firme de quedarse. De lo contrario, estaré haciendo el tonto al proporcionarles, en esencia, financiación gratuita para que creen un emprendimiento".
En 2022, OpenAI dio inicio a la revolución de la IA de consumo masivo con el lanzamiento de ChatGPT, el cual experimentó un auge inmediato de popularidad, al alcanzar los 100 millones de usuarios activos mensuales en cuestión de meses.
Desde entonces, Musk fundó su propio emprendimiento de inteligencia artificial, xAI, creador del "chatbot" Grok, que se quedó rezagado con respecto a sus competidores.
Al presentar su demanda en 2024, Musk alegó que OpenAI se había desviado de su misión fundamental y, en su lugar, se centraba en "maximizar los beneficios" para Microsoft.
Dijo haber donado alrededor de US$40 millones a OpenAI, tras haber sido manipulado por los demandados, quienes lo traicionaron al intentar transformar la organización en una entidad mayoritariamente con fines de lucro.
Desde que se presentó la demanda, la animosidad entre Musk y Altman ha salido a la luz pública con frecuencia.
El año pasado, Musk y un consorcio de inversores ofrecieron adquirir los activos de OpenAI por US$97.400 millones.
La empresa había sido valorada en US$157.000 millones en una reciente ronda de financiación. Actualmente corre el rumor de una salida a bolsa, valorada en unos US$850.000 millones.
OpenAI rechazó la oferta y, posteriormente, Altman publicó en X, la red social de Musk antes llamada Twitter, el siguiente mensaje: "No, gracias; pero nosotros compraremos Twitter por 9.740 millones de dólares si quieres".
"Estafador", respondió Musk en un comentario a la publicación de Altman.
Unos mensajes privados con Mark Zuckerberg revelan que Musk preguntó si el jefe de Meta estaba "abierto a la idea de pujar por la propiedad intelectual de OpenAI junto conmigo y algunos otros".
El interés de Musk en adquirir la empresa corre el riesgo de enturbiar las aguas en lo que respecta a este juicio, afirma Dorothy Lund, profesora de la Facultad de Derecho de Columbia.
"Musk ha intentado hacerse con el control de OpenAI en múltiples ocasiones. Ha sido rechazado", declaró Lund a la BBC.
"Por lo tanto, no resulta descabellado pensar que sus motivos en este caso puedan ser un tanto sospechosos. Incluso la jueza que preside la causa, la jueza González Rogers, ha señalado este hecho".
Asimismo, se espera que el tribunal escuche el testimonio del director de Microsoft, Satya Nadella; de los ex científicos de OpenAI Mira Murati e Ilya Sutskever; y de la exmiembro de la junta directiva de OpenAI, Shivon Zilis, quien es madre de cuatro de los hijos de Musk.
En el preámbulo del juicio salieron a la luz detalles pintorescos sobre la vida privada de estos multimillonarios enfrentados, mientras sus abogados debaten acaloradamente sobre qué pruebas y testimonios deben compartirse con el jurado y cuáles no.
Por ejemplo, la jueza dictaminó que no se permitirá mencionar en el tribunal el consumo por parte del jefe de Tesla de "rhino ket", tal como se conoce a la ketamina en la jerga de Silicon Valley.
La representación legal de Musk también acapara titulares. Según informa Business Insider, uno de sus abogados se dedica a trabajar como payaso en su tiempo libre.
Otro, que ejerce como productor de Hollywood de forma paralela, fue objeto recientemente de un perfil en la revista Vanity Fair.
Lo que está en juego en este caso es de gran magnitud para Musk y OpenAI y, potencialmente, para todos nosotros.
A finales de 2023, Musk abogaba por una pausa en el desarrollo de la inteligencia artificial.
En medio de esa ola de inquietud ante el ritmo frenético de los avances tecnológicos, Altman fue destituido brevemente de su cargo como director ejecutivo de OpenAI, debido a la sospecha de que había engañado a los miembros de la junta directiva.
Ahora, con xAI —empresa que fue adquirida recientemente por SpaceX, su compañía de cohetes que pronto saldrá a bolsa—, Musk se encuentra profundamente involucrado en esta carrera a múltiples bandas hacia la IAG.
"Si Musk resulta vencedor, ello podría derivar en la derrota de un competidor clave en la carrera hacia la IAG", afirmó Rose Chan Loui, directora ejecutiva del Centro Lowell Milken de Filantropía y Organizaciones sin Fines de Lucro de la UCLA.
"Quienquiera que gane esa carrera ostentará un gran poder".
Chan Loui advierte que Musk intenta posicionarse como la persona idónea para representar de forma adecuada y justa los intereses de la organización sin ánimo de lucro OpenAI.
"Aunque agradezco que haya dado visibilidad a este tema ante la opinión pública, creo que a muchos nos preocupa que no sea imparcial, dado que dirige su propia y enorme empresa de IA", afirmó.
La integridad de quien presenta estas demandas es fundamental, según Federman, autora del libro Corporate Reckoning, que trata sobre cómo los ejecutivos pueden asumir la responsabilidad por los daños causados a las empresas.
Este juicio entre Musk y Altman se desarrolla justo cuando el público empieza a comprender la compleja integración de la IA en nuestras vidas.
Ambos han sido pioneros en su introducción al mercado de consumo.
El juicio podría ofrecer nuevas perspectivas sobre su ambición e intención respecto al desarrollo de una tecnología que ahora utiliza un segmento creciente de la población mundial.
En King Kong contra Godzilla, "todos los mortales de abajo se esfuerzan por escapar mientras estos gigantes se enfrentan", dice Federman. "Al final uno gana, pero lo que queda es este camino con el que el resto de nosotros tenemos que convivir".
(Imagen: Getty Images)
PURANOTICIA // BBC MUNDO


